Ellos regresan a Colombia para impactar comunidades con todo lo aprendido en Seattle.

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Nota: Este proyecto ha finiquitado de maneras muy productivas y agradables. Tanto Yemayá como Gustavo lograron recabar parte de los fondos que deseaban, y gracias a la colaboración y aporte de otras personas en Colombia, ellos hicieron entrega de dinero, obsequios y otros detalles para la escuelita. Nos informa Yemayá que tomaron fotos de las actividades y que cualquier persona interasada en saber más puede entrar en contacto con ellos directamente y/o con directiva de la escuela. Nos quedamos a la espera de las fotos u otro link que este par de chicos puedan proporcionarnos.

…………………. Gracias a todos por su apoyarles …………..

Gustavo Díaz y Yemaya Hall-Ruíz son un par de chicos Colombianos, muy enérgicos, calurosamente sociables y con mucho propósito en mejorar la calidad de vida en una hermosa localidad en Colombia. Gustavo y Yemayá han vivido en el estado de Washington, específicamente en Seattle, por muchos años. Durante ese tiempo, estudiar con mucha dedicación, disfrutar de los rincones que esta ciudad ofrece, compartir y sumergirse con la diversidad de culturas en su gente, entre otras cosas, fueron parte del día a día que ellos vivieron en esta zona del Noroeste de los Estados Unidos. Pero lo más interesante y valioso para compartir con muchos de ustedes rápidamente a través de sus anécdotas, es que estos 2 chicos decidieron emprender un proyecto en su país natal, en donde ellos están totalmente seguros que sus vidas y la comunidad nunca volverá a ser igual.

Colombianos con propósito e impacto socialEscucharlos hablar sobre lo que significa para ellos este proyecto, sobre el deseo inmenso de aplicar todos los conocimientos y experiencias obtenidas durante su vida en Seattle, es, además de gratificante, un proyecto muy prometedor y el cuál deseamos pueda ser replicable por muchas otras personas. Como inmigrante, la vida en un nuevo país es para muchos simplemente incierta, para otros es algo excitante y lleno de aventuras, pero mucho más allá del deseo por vivir en otras tierras, está un factor determinante que marca la vida futura de un inmigrante positivamente: cómo estás creando y aprovechando las oportunidades.

Estoy segura que este par de chicos tienen mucho que compartirle a cualquier persona sobre lo que implica el vivir, estudiar, trabajar, hacer amistades, y en general, hacer vida en Seattle. Y tal vez prontito pueda que te traigamos parte de ello, pero por ahora quiero compartirte el video y el link a su campaña en la plataforma generosity.

Realmente en un gusto enorme apoyar a estos chicos en un proyecto que pone en grande la insistencia de Latinos inmigrantes en los Estados Unidos por mejorar y ser agentes de cambio en sus tierras natales también.
Y como suelo decir, “No importa a dónde vayas, o qué termines haciendo allá o acá, lo que importa y marca la gran diferencia es que seas un buen ciudadano y eso incluye saber identificar cúales de tus acciones mejoran tu vida y las de muchos a tu alrededor”.

Disfruta el video, apóyalos con tu donación, y si el monto que deseas dar es igual o mayor a los $500 (US dollars) por favor ponte en contacto con Latina Seattle porque junto con Gustavo y Yemayá estaremos creando una página especial en donde estamos seguros te encantará haber participado.

Este es el link a la campaña Escuelita Anthakarana.


Les anexo la carta en Español que escribió Gustavo al respecto.

“En marzo de 2016 mi novia Yemayá, mi amiga Jennifer y yo estuvimos en una finca sostenible llamada Tabanoc durante un mes como voluntarios. A través del proceso de vivir dentro de la comunidad nos enamoramos de su forma de vida, especialmente con la forma en que están criando a sus hijos, al infundir en ellos grandes valores y virtudes, que vierte su amor en ellos al estar constantemente presente y dando lo mejor de sí mismos para ellos.

Nos ha sorprendido gratamente una y otra vez el conocimiento que estos niños ya poseen, muy por delante de sus contemporáneos en otras partes del mundo. Nos quedamos impactados al descubrir que toda la comunidad se encarga de su formación a través de un enfoque alternativo y holístico de la educación en el hogar. La Escuelita en Anthakarana es una iniciativa que se presenta como una solución para crear una escuela que ofrece un alto nivel de educación a través de un método alternativo a los niños de la cordillera central de Colombia. Esta educación se ha limitado en Colombia a las familias con altos ingresos y se encuentra sólo en las 3 regiones cosmopolitas más grandes del país; Bogotá, Medellín y Cali. El gobierno proporciona la escuela pública para los niños, pero muchas regiones, especialmente las comunidades rurales, reciben escasa o poca ayuda. Por ejemplo, el transporte y la comida se ofrecen a través del gobierno, sin embargo muchas veces el dinero no es bien administrado, y por lo tanto, las escuelas se quedan sin fondos para el almuerzo, ni para el transporte que los lleva a las diferentes veredas. Tal fue el caso este año en la escuela de La Nubia, Quindío, donde se tardó 1 mes y medio del año escolar para que los estudiantes tuvieran acceso al transporte y para iniciar la comida que el gobierno les ofrece. Lo más difícil de aceptar es la realidad de que la comida que se ofrece ahí para muchos de los niños es la única comida que obtendrán en el día.

La Escuelita en Anthakarana es una escuela alternativa creada por dos comunidades que comparten las responsabilidades de educar a los niños que hacen parte de esta iniciativa. Estas comunidades son una Ecoaldea llamada Anthakarana y Tabanoc, las cuales están en proceso de convertirse en fincas autosostenibles. La Escuelita consta de 8 niños (edades comprendidas entre los 1 y 7) los cuales están necesitando de un salón para estar en condiciones más adecuadas para su aprendizaje. La escuela más cercana está a más de una hora de distancia a pie, y el camino des pavimentado a la escuela se encuentra en estado grave, con enormes huecos que queda inutilizable cuando llueve. La falta de acceso, así como el bajo nivel de la educación en la escuela local son algunas de las principales razones por las que los padres de estas comunidades vieron la necesidad de crear su propia iniciativa. Por lo tanto formaron una escuela en la que la enseñanza es compartida por todos los adultos de la comunidad. Cada adulto saca unas horas a la semana para enseñar una clase, y de esta forma proporcionar diferentes perspectivas y conjuntos de habilidades para enriquecer la educación que reciben los niños.

La Escuelita ha estado funcionando durante 4 años, principalmente desde la mesa de comedor de Anthakarana, aunque los niños aprenden de una manera practica en los invernaderos y jardines de las dos fincas, o a través de caminatas haciendo un reconocimiento del territorio. Estas comunidades se dieron cuenta de la importancia de criar y educar a sus hijos con un enfoque holístico que atienda los desafíos que enfrentarán en un entorno rural, y que también permite a los niños desarrollar sus habilidades mentales, emocionales y espirituales. El propósito de la escuela es ayudar a cada niño a alcanzar su máximo potencial en cada faceta de la vida, las actividades sociales, el crecimiento emocional, la coordinación física, así como la preparación cognitiva para futuros desafíos intelectuales. Para lograr esos objetivos, se han adoptado los 12 principios de la Permacultura, así como algunas características del método Waldorf, el método Montessori y la educación por proyectos.

Otra de las actividades fundamentales de la escuelita es la cocina donde los niños desarrollan sus habilidades culinarias, usando las verduras y frutas cultivadas en Anthakarana y Tabanoc que proporcionan la base para las comidas que se preparan en la escuela. La leche y los huevos se derivan de las cabras y pollos de Tabanoc. Cada día, las comidas proporcionadas son nutritivas y saludables, en marcado contraste con las comidas recibidas en las escuelas públicas normales de la región. Esos jardines e invernaderos también ofrecen valiosas oportunidades para que los estudiantes aprendan las lecciones y técnicas de cultivo que van a utilizar para el resto de sus vidas. Algunos de los adultos ofrecen clases de arte culinario que enseñan a los estudiantes cómo cocinar platos saludables y orgánicos. Incluso con las mejores intenciones que tiene la comunidad, los padres son de escasos recursos, por lo que la escuela está en necesidad urgente de suministros y la infraestructura para que los niños puedan tener la oportunidad de tener una educación más propicia. Las fincas también necesitan ampliar su infraestructura agrícola ya que su meta es producir el alimento necesario para alimentar a la escuela y la comunidad. Por ahora, la poca producción hace que sea necesario que los padres compren los otros ingredientes que no se cultivan en las fincas con el fin de completar las comidas. A medida que el rendimiento de las fincas se expanda, no sólo se alimentará esta comunidad de 25, pero también La Escuelita, e idealmente otras escuelas cercanas. Por favor ayúdenos a recaudar los fondos necesarios para la construcción de la estructura física de las aulas de La Escuelita, así como para comprar los materiales educativos necesarios que los niños necesitan para seguir avanzando en su educación, para construir más invernaderos, y también para ampliar sus centros de compostaje al igual que aumentar la producción de alimentos para la escuela y las comunidades circundantes. Ayúdenos a capacitar a estas dos fincas en su intento de resolver la desigualdad y las desventajas educativas a nivel local.”

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