En la foto de portada de este artículo, aparecen Lisa Hilbert (originaria de Chicago y criada en Irlanda) y Gabriela Faúndez (originaria de Chile), durante el evento PNW Climate Week exhibiendo ReFabrica, su iniciativa de reciclaje textil como enfoque de empoderamiento comunitario para una economía circular y resiliente frente al cambio climático. Ellas son dos mujeres emprendedoras que se conocieron en la ciudad de Seattle y conectaron de inmediato gracias a una pasión compartida: la justicia ambiental, la sostenibilidad y el apoyo económico comunitario. Fue precisamente esa visión común y el deseo de generar un cambio real en sus comunidades lo que las llevó a crear este proyecto que, en cuanto me lo mencionaron, despertó mi curiosidad.
ReFabrica capacita a inmigrantes y pequeñas empresas locales para transformar textiles desechados en productos útiles y creativos. Y considerando que datos de la EPA muestran que más de 11 millones de toneladas de desechos de textiles (algo cercano al 85% de todos los textiles) terminan en vertederos o son incinerados anualmente en los Estados Unidos, este tipo de iniciativas son urgentes. El año pasado Hilbert y Faúndez ganaron la beca ReThink Waste 2025, otorgada por WM y Seattle Public Utilities, un apoyo que considero igualmente les permitirá seguir llegando a más personas y fortaleciendo redes comunitarias.
En esta sustanciosa entrevista, hubo intercambios de mensajes que sabemos te van a encantar, ¡sobre todo si tienes en mente o sueñas con tu propio emprendimiento!
Sobre el modelo y la capacitación
Latina Seattle: ¿Qué obstáculos específicos creen que enfrentan las mujeres inmigrantes latinas en Seattle para acceder a empleos dignos, y cómo ReFabrica ayuda a superarlos?
Lisa Hilbert: Las mujeres inmigrantes latinas en Seattle enfrentan barreras como el idioma, las expectativas domésticas, la falta de reconocimiento de sus habilidades y la dificultad de acceder a empleos que valoren su talento. Muchas veces trabajan en sectores informales o con salarios bajos. ReFabrica ofrece un espacio seguro y accesible donde ellas pueden aprender nuevas técnicas, específicamente en reutilización textil o “upcycling”, fortalecer su autoestima y transformar su creatividad en oportunidades económicas que además ayudan al medio ambiente. Al mismo tiempo, se fomenta el sentido de comunidad y las redes de apoyo esenciales para abrir puertas laborales.
LS: ¿En qué consiste exactamente la capacitación? ¿Cuánto tiempo dura y qué habilidades específicas aprenden las participantes?
Hilbert: La capacitación consiste en una serie de talleres prácticos de reciclaje textil enfocados en la etapa de preproducción. Trabajamos directamente con cinco micro-upcyclers locales, apoyándolos para avanzar en la elaboración de sus productos. En este ciclo con Casa Latina, cada artista facilitó un taller de 2.5 horas. Las sesiones son bilingües y combinan teoría y práctica. Cerramos con una cena comunitaria que fomenta conversaciones profundas y un sentido de pertenencia.
Gabriela Faúndez: Las participantes aprenden habilidades técnicas esenciales para el “upcycling”, como desarmar prendas, preparar telas, cortar patrones y organizar materiales. También desarrollan confianza, trabajo en equipo, nociones de emprendimiento y creatividad. Les mostramos lo que pueden crear y vender utilizando desechos textiles locales, encendiendo esa chispa de curiosidad que puede llevarlas a un futuro emprendimiento. Necesitamos más upcyclers en nuestro estado y en el mundo, y si algunas deciden seguir ese camino, lo consideramos un logro enorme.
LS: ¿Qué tipo de productos están creando (o han creado) las participantes? ¿Podremos ver algunos ejemplos concretos a través de fotos o video clics?
Hilbert: Durante cada taller, las participantes trabajaron junto a una microempresa de Seattle para crear un producto específico. Por ejemplo, [de talleres anteriores] aprendieron corte de patrones para confeccionar pantalones con La Paisa, técnicas de planchado y clasificación textil para elaborar decoración de fiestas y un kit de parches para reparación de ropa (visible mending patch kit) con Birdcraft Studio, desarmaron jeans para crear chaquetas de patchwork con VAN, transformaron retazos industriales en tapices mediante macrotejido con Redesign Collective, y realizaron fieltro con sobrantes de fábrica y lana para producir salvamanteles de cocina con Madison Fassiotto. Los productos finales de cada artista pueden verse igualmente en los sitios web e Instagrams de cada marca que formó parte de este nuestro primer Designer Cohort. Cada una de estas microempresas vende sus piezas también en ferias locales, tiendas independientes y redes sociales.
Creemos que la mejor manera de apoyar este ecosistema es seguir a estas emprendedoras en sus plataformas digitales, donde comparten sus colecciones finales, anuncian puntos de venta y muestran el proceso detrás de cada producto upcycled. Allí podrán ver ejemplos concretos de lo que se crea a partir de textiles rescatados y enterarse de dónde adquirirlos.
El impacto final es doble: por un lado, mujeres capacitadas y microemprendedores fortalecidos; por otro, un beneficio ambiental significativo. Cada taller aumenta la cantidad de textiles que se rescatan del vertedero local y, además, inspira a que surjan nuevos upcyclers motivados por lo que ven y aprenden en el proceso.
LS: Me atrae conocer la historia de alguna participante que haya transformado su vida gracias a este proyecto: ¿qué hacía antes y qué oportunidades tiene hoy?
Faúndez: Tenemos varios testimonios de participantes que han vivido transformaciones muy significativas gracias a ReFabrica. Muchas de ellas llegaron con dudas sobre sus propias habilidades o sin imaginar que su creatividad podía convertirse en una oportunidad económica. Después de los talleres, no solo adquieren habilidades técnicas, sino que también viven un cambio personal: se sienten más seguras, valoradas y conectadas con una comunidad que las apoya.
Varias participantes nos han dicho que ahora se sienten capaces de iniciar su propia microempresa utilizando telas desechadas. Están entusiasmadas porque saben que no están solas: cuentan con recursos, acompañamiento y una red que las impulsa. El pasado enero tuvimos nuestro módulo final, el sexto taller, en colaboración con Ventures, donde recibieron apoyo específico para dar sus primeros pasos en el mundo del microemprendimiento.
Además, saben que pueden seguir recurriendo a nosotras para encontrar telas de desecho que pueden ser reutilizadas, y les enseñamos cómo obtener esos recursos por sí mismas.
LS: Sobre ese impacto comunitario que ustedes desean lograr, además de las participantes directas, ¿cómo creen que beneficia este proyecto a la comunidad latina de Seattle (o al estado de WA) en general?
Faúndez: Más allá de las participantes directas, ReFabrica fortalece la comunidad latina al ofrecer espacios de encuentro, aprendizaje y colaboración. Promueve el orgullo cultural, la sostenibilidad y la posibilidad de que las mujeres se conviertan en agentes de cambio en sus familias y vecindarios. Muchas nos han compartido que ahora ya no botan la ropa a la basura, sino que la reciclan o la guardan para ver qué pueden hacer con ella. Además, inspira a otros a valorar el reciclaje y la creatividad como herramientas de justicia social.
LS: Mencionaron a Casa Latina y en un artículo que leí anteriormente hablaron sobre una alianza con esta organización, ¿qué papel juega esta asociación en el éxito del programa? ¿qué necesitaron de ellos?
Hilbert: Casa Latina ha sido fundamental para el éxito de ReFabrica. Nos ofrece el espacio físico, pero también algo igual de suma importancia: la confianza de su comunidad y el acceso a mujeres que ya participan en sus programas. Su apoyo logístico y comunitario ha permitido que ReFabrica llegue a más personas y se consolide como un proyecto realmente viable.
Desde el inicio, esta asociación jugó un papel clave. Realizamos varias sesiones de escucha con personal de su equipo y sus miembros para comprender su realidad, identificar barreras y necesidades específicas, y diseñar talleres que respondieran directamente a esas experiencias. Gracias a ese proceso, la capacitación es culturalmente relevante, accesible y verdaderamente útil para las participantes.
Faúndez: Además, Casa Latina creó un espacio para instalar nuestra Biblioteca de Costura, un recurso comunitario que ellos mismos administrarán a largo plazo. Esto permitirá que sus miembros puedan pedir prestadas máquinas de coser y herramientas especializadas para realizar proyectos propios o incluso iniciar sus propios productos upcycled. Es una forma concreta de asegurar que el aprendizaje continúe más allá del taller y que la creatividad tenga un lugar donde crecer.
LS: ¿Hay planes de expansión este año (2026)? ¿Qué les gustaría lograr y a cuántas personas más esperan llegar, atender o capacitar?
Hilbert: Sí, tenemos planes de expansión y estamos muy entusiasmadas con lo que viene. Nuestro modelo de producción comunitaria funciona especialmente bien con proyectos y pedidos de pequeña escala, y por eso estamos abiertas a colaboraciones personalizadas y a conectar con tiendas interesadas en vender productos creados por las diseñadoras de ReFabrica.
Nuestro objetivo es ampliar la capacitación a más comunidades en Seattle y, con el tiempo, llegar a otras ciudades del estado. Varias participantes de Casa Latina ya tienen ideas claras sobre los productos que quieren desarrollar, y nos encantaría apoyarlas para que se conviertan en el siguiente grupo de diseñadoras de ReFabrica, ayudándolas a lanzar sus primeras líneas de productos
Sobre la intersección entre justicia ambiental y económica.
Sobre la intersección entre justicia ambiental y económica
LS: Solemos escuchar debatir sobre problemas ambientales y posibles soluciones, pero, para ustedes, ¿por qué también hay que considerar las desigualdades económicas?
Faúndez: No podemos hablar de sostenibilidad sin hablar de justicia social. La crisis ambiental afecta de manera desproporcionada a las comunidades inmigrantes y de bajos recursos, tanto aquí como en el resto del mundo. Por eso creemos que cualquier solución ambiental debe también abrir oportunidades económicas para quienes históricamente han quedado fuera de la economía circular y verde.
Al enseñar a reutilizar desechos textiles y transformar materiales descartados en productos con valor, no solo reducimos residuos: también ayudamos a generar ingresos dignos, autonomía y reconocimiento. Es un modelo que une la justicia ambiental con la justicia económica, generando empleos.
Hilbert: Además, este enfoque tiene un impacto profundo a nivel personal. Las participantes sienten orgullo al saber que están contribuyendo al planeta y, al mismo tiempo, descubren que su creatividad tiene un lugar en el mercado. Les mostramos ejemplos de diseñadores latinos que están innovando en otros países, y eso las inspira a verse como parte de la solución y del futuro de la innovación en nuestra región.
Información práctica para nuestros lectores
LS: ¿Cómo puede alguien interesado participar en el programa y aprovechar la iniciativa?
Hilbert: Recomendamos seguirnos en redes sociales @refabrica_seattle y en nuestra página web www.refabrica.org. Este primer piloto con Casa Latina finalizó, pero esperamos continuar trabajando con ellos y expandirnos a otras comunidades durante este 2026.
Además, estamos buscando alianzas con negocios y organizaciones que quieran colaborar en proyectos personalizados, funcionar como mercados de prueba para productos upcycled o incluso albergar futuras cohortes de ReFabrica dentro de sus propias instalaciones.
Toda la información sobre los próximos ciclos, convocatorias y oportunidades la anunciaremos a través de nuestras redes sociales.
Apreciado lector/a, déjanos saber, cuando gustes, qué te ha parecido este artículo. Y contáctanos si tienes o conoces de un proyecto comunitario que te gustaría destacáramos en nuestros espacios.
