«Amo mi trabajo. Yo siempre digo que he encontrado mi trabajo ideal: enseñar». Así nos describe Viviana Gonzales su relación con la docencia — con una convicción con la que ejerce su vida también como poeta, dramaturga y actriz.
De origen boliviano-mexicano, Viviana transmite el amor por la lectura desde un lugar que cree solo es posible cuando el educador realmente lo vive, porque —como afirma— «un profesor de literatura que no ama leer no puede ‘enseñar’ a leer, porque para enseñar algo tienes que creértelo, vivirlo». Su manera de acercarse a la literatura se desarrolla también por la cercanía con sus estudiantes: le gusta «escuchar», que le cuenten sus historias y que en clase se cree un vínculo, un lazo de humanidad, donde hablar de literatura puede llevar también a conversar sobre política, arte, música, o incluso terminar coreando alguna canción de los noventa. «Eso es la literatura, no es la reunión de intelectuales aburridos sabelotodo», añade.
¿Qué busca Viviana Gonzales cuando escribe poesía?
En su propia voz, ella nos explica que su principal intención es la autenticidad: «Quiero ser yo, con mi propia voz, no quiero imitar a nadie». Al escribir, busca «contar mi verdad al mundo», expresando lo que ve y lo que siente. Para ella, escribir no parte de una lógica comercial: «nunca pienso en si voy a vender o publicar». Más bien, su proceso creativo comienza con «imágenes poéticas» que poco a poco intenta «traducir a palabras».
Hasta ahora, Viviana Gonzales ha publicado cuatro libros de poesía que han marcado su camino literario. El primero, Hay un árbol de piedra en mi memoria (Santa Cruz de la Sierra, 2019), reconocido con el Premio Nacional de Literatura en Poesía y más tarde recibió la medalla de oro al mejor libro de poesía en español en los International Latino Book Awards en 2023. A este título se suman Canto de un pájaro de fuego (Buenos Aires Poetry, 2021); Te doy el tiempo de un zapato (Dogma, 2023), finalista en New York Poetry Press; y recientemente, el pasado octubre de 2025, publicó Taxúma en el Monte de los Olivos con la editorial chilena Pampanegra Ediciones. Este último lanzamiento fue la excusa perfecta para conectarnos con ella y compartir esta grata entrevista.
En uno de sus mensajes clave en conversaciones pasadas mencionó algo que nos fascinó y merece el esfuerzo recordarlo:
El origen de un libro y la voz de una mujer que no olvida sus raíces
El libro Taxúma en el Monte de los Olivos nació en un contexto muy especial para la escritora. Viviana Gonzales cuenta que el proceso comenzó cuando fue seleccionada para la beca de escritura creativa de la organización Seattle Escribe en colaboración con Mineral School (en el año 2022). Durante esa experiencia, los participantes se reunieron en el pequeño pueblo de Mineral, rodeados de naturaleza y con algo que varios escritores ya nos han comentado valoran bastante: tiempo. «Estuvimos todos los becarios rodeados de naturaleza y, sobre todo, tiempo para escribir». Había espacio para leer, caminar y contemplar el paisaje antes de volver a la página.
El título del libro también tiene una historia con un significado particular: es un homenaje al majestuoso Mount Rainier. «El nombre está en lengua Sahaptin», explica, y según la tradición indígena puede interpretarse desde «la madre de las aguas» hasta «el que toca las montañas». La segunda parte del título, el monte de los olivos, hace referencia al lugar bíblico donde Jesús de Nazaret realizaba sus oraciones en Jerusalén. Imágenes que parecen no ser casuales para Gonzales: «soy una gran lectora de la Biblia», afirma recordándonos que su otro libro, Te doy el tiempo de un zapato, también incluye poemas que hacen referencia con este texto sagrado. Desde su visión poética, profundiza en la naturaleza y la espiritualidad: «para mí la naturaleza y lo sagrado comparten una relación intrínseca».
Cuando le preguntamos por algo en su evolución personal a lo largo de los años y que la sorprende gratamente, Viviana Gonzales nos responde con una mezcla de reflexión y humor. «Sí, seguramente hay lecciones aprendidas (espero). Hay cosas que miro al pasado y ahora ya me encuentro como una mujer madura, sin embargo, también me es grato recordar lo que fui y que todavía se mantiene, cosas que son esenciales: la idea de la consciencia de clase (que creo que la tenía desde joven), saber quién soy y de dónde vengo, no olvidarme de eso jamás: soy una mujer boliviana, latina, que viene de un lugar del mundo pobre (con gran riqueza cultural, eso sí), de una familia simple, trabajadora y que todo lo que he o hemos construido como familia lo hicimos nosotros». Y aunque la vida cambia, es cierto que algunas cosas siguen siendo asombrosamente fieles al pasado. Entre risas admite que incluso sus gustos musicales permanecen: «la música que escucho ahora sigue siendo, de alguna u otra forma, la música que escuchaba en mi adolescencia».
Raíces en las montañas, alas en el misterio
Para Viviana Gonzales, una de las experiencias que más ha marcado su camino como escritora y poeta tiene un nombre muy maravilloso: la maternidad. «Ser madre me ha llevado a lugares increíbles», comenta. Cuando habla del proceso de gestación, lo describe con una mezcla de asombro y reverencia, y con la delicadeza con la que trata un misterio que aún la conmueve mucho. «Cada vez que lo pienso se me ponen los pelos de punta», confiesa. Más allá de las creencias personales, dice que hay algo más profundo en ese proceso: «no importa si uno cree o no en Dios, hay algo de milagroso en ese misterio, el misterio de la vida«. Y sigue sorprendiéndose al pensar que «cómo un ser humano, yo, con errores, frustraciones, con imperfecciones puedo haber creado dentro de mi cuerpo a otro ser humano: un corazón, unos pulmones, una maquinaria perfecta».
Esa reflexión, explica, no se limita solo a los humanos. Viviana Gonzales se maravilla con el surgimiento de la vida en todas sus formas. «Lo digo como el gran misterio de la vida», comenta, mencionando la gestación de animales como elefantes, gatos o perros. Ese fenómeno natural la enternece profundamente. «Es maravilloso. Es tan maravilloso que de solo pensarlo quiero llorar», dice con honestidad, reconociendo que hay una dimensión de la vida que sigue siendo inexplicable incluso para quienes intentan comprenderla a través de la palabra. «Quiero llorar porque no llego a entender eso, esa magia de la vida».
Más adelante, Cuando le pedimos que describiera el Pacific Northwest para alguien que nunca lo ha visitado, su respuesta partió de una conexión muy personal con las montañas. Gonzales nació en La Paz, una ciudad que describe con orgullo como «la capital más alta del mundo», y esa geografía marcó intensamente su sensibilidad. Por eso, cuando llegó a Seattle y vio por primera vez el imponente Mount Rainier, sintió algo inmediato: «sentí de alguna forma conectarme con el espíritu de las montañas, con esa energía, esa fuerza«. En la tradición andina, explica, las montañas son seres protectores. «En Los Andes, de donde soy, decimos que en las montañas están los Apus, los señores protectores», añadiendo con convicción: «sí creo en ellos, sí creo en la fuerza de las montañas, en su energía de protección».
Esta región en Norteamérica tiene una belleza casi mítica para ella: «Definitivamente una de las regiones más hermosas de los Estados Unidos es el Pacifico Noroeste por la naturaleza poderosa que tiene. Árboles enormes, es además la tierra de los osos y para los que creen en leyendas como ‘Pie grande’ es donde supuestamente más avistamientos hubo». Más allá de los mitos, lo que realmente enamora, y algo en lo que coincidimos con ella, es la sensación de inmensidad natural. «Es un lugar de conexión con la inmensidad de la naturaleza», explica, rememorando que veía películas estadounidenses con paisajes que parecían irreales: «Recuerdo esos bosques de ensueño, con marmotas, con paisajes —valga la redundancia— de película… y eso es Seattle».
Y para finalizar esta entrevista quisimos saber de ese lugar que haya visitado mientras estuvo en el Estado de Washington y que quizá la dejó con la boca abierta. ¿Qué le hizo tan especial y por qué se lo recomendaría a otros visitar?
«El parque nacional Monte Rainier, es un lugar de ensueño. Encontrarte con 3 leyendas donde te advierten de la existencia de osos. Ver ciervos que corren libres. Campos y cascadas. Es estar en un paraíso de tranquilidad, naturaleza, grandiosidad».
El trabajo de Gonzales continúa creciendo con nuevos proyectos. Al momento, la autora está en conversaciones con la Universidad Autónoma de Nuevo León para publicar Mamá tiene miedo, un libro en verso que narra, desde la mirada de un niño, la vida de una madre que atraviesa la depresión. Este proyecto ya tuvo una primera vida en el escenario: la historia se convirtió en una obra de teatro creada en familia —junto a su esposo e hijo— que fue seleccionada para presentarse en la City University of New York en noviembre de 2024.
